Bueno como ya dije, tome una decisión de aprender mucho y volverme la mejor. Mis padres incluso me decían que debería jugar mas en vez de estar tanto tiempo gastando energías. Que eso no era normal en una niña tan pequeña. Yo incluso les decía que por favor me llevaran con ellos, cuando yo pensé que estaba lista. Ingenua de mi.
Un día me enfade tanto con ellos que cuando el cuidador se despistó me escapé por la puerta de atrás del edificio en el que nos encontrábamos. Caminé por varias calles hasta dar con el barrio mas oscuro, mal oliente y sucio de la ciudad. Fui escondiéndome entre coches, cubos de basura, esquinas... vamos, por todos los lados en los que una niña de 10 años y medio se podría ocultar. Era como el típico juego del escondite inglés, uno se gira tu te quedas quieto. No vi nada extraño en ningún callejón, nada mas que tíos borrachos terminandose su cerveza de un litro y eso no se puede considerar raro.
Decepcionada decidí volver a casa, con un poco de suerte ellos no se abrían dado cuenta y todo se hubiera quedado en una pequeña aventura. Caminé todo lo deprisa que pude, intenté no encontrarme con gente y mucho menos perderme.
Cuando ya estaba llegando a mi casa o eso creo, en una de las calles estrechas, vi una sombra de algo, que se movía de forma pesada, como si fuera arrastrando los pies y lo que no eran los pies. Se me iluminó la cara, esta era mi oportunidad de demostrarme a mi misma que podría con todos los seres oscuros de la creación.
6 de mayo de 2012
5 de mayo de 2012
Creo que realmente en esa época era muy feliz, tenia una familia, alguien con quien jugar contar mis problemas, aunque no pasaran de mi muñeca se ha roto o algo no me sale como yo quería. Realmente nunca salía de "caza" con los mayores, todas las noches se quedaba siempre dos adultos para cuidar de mi y de mis dos niños mayores que yo.
Recuerdo que una noche en vez de ser tres niños, fuimos dos, los adultos dijeron que como ya había cumplido los 16 años ya era lo suficiente mayor y el conocimiento suficiente para ir de caza en grupo. No habían pasado mas de 2 horas cuando llegaron todos. Mis padres se acercaron a mi con caras tristes.
- ¿Ivet, se puede saber que haces levantada?.- se dibujó en el rostro de mi madre, una mueca forzada, simulando una sonrisa tan falsa, como para saber que algo no iba bien.- Vamos a la cama.
Mi padre me cogió en brazos peor no se acordó de sujetarme la cabeza. Pude ver como se llevaron al otro niño a dormir también.y lo ultimo que vi antes de que se cerrara la puerta era dos de los adultos sujetando una bolsa negra de la que salio una mano ensangrentada e inerte.
Al día siguiente el aire era triste y mirando a mi alrededor vi que el chico joven que se había ido esa noche ya no estaba entre nosotros. Entonces fue cuando me di cuenta, sumando dos mas dos, del real peligro que corrían todos. Me abracé a mi madre con mucha fuerza, tanto que parecía que me quisiera fusionar con ella.
-Mamá te prometo que a mi nunca me pasará, yo os defenderé.- dije entre lágrimas.
Mi madre me miró con ojos tiernos y me acarició el pelo para calmarme.
-Claro que no te sucederá, eres una niña muy fuerte, el simplemente no estaba preparado para lo que vino anoche.- suspiró.- realmente nadie lo estaba.
Sus palabras no me tranquilizaron lo suficiente, pero consiguieron que quisiera aumentar mas mis ganas de aprender y poder defender a mi familia. Es difícil pensar que una niña de 10-11 años no piense en otra cosa que no sea jugar divertirse, estudiar, comer y dormir. Pero hay cosas que te hacen cambiar.
Estudie todo lo que pude pero no era lo suficiente para enfrentarme a todos los peligros de ahí fuera, pero como niña ingenua pensé que si. Aumente con gran velocidad mis habilidades. Quizás quien sabe una noche cercana me dejarían salir con ellos.
Recuerdo que una noche en vez de ser tres niños, fuimos dos, los adultos dijeron que como ya había cumplido los 16 años ya era lo suficiente mayor y el conocimiento suficiente para ir de caza en grupo. No habían pasado mas de 2 horas cuando llegaron todos. Mis padres se acercaron a mi con caras tristes.
- ¿Ivet, se puede saber que haces levantada?.- se dibujó en el rostro de mi madre, una mueca forzada, simulando una sonrisa tan falsa, como para saber que algo no iba bien.- Vamos a la cama.
Mi padre me cogió en brazos peor no se acordó de sujetarme la cabeza. Pude ver como se llevaron al otro niño a dormir también.y lo ultimo que vi antes de que se cerrara la puerta era dos de los adultos sujetando una bolsa negra de la que salio una mano ensangrentada e inerte.
Al día siguiente el aire era triste y mirando a mi alrededor vi que el chico joven que se había ido esa noche ya no estaba entre nosotros. Entonces fue cuando me di cuenta, sumando dos mas dos, del real peligro que corrían todos. Me abracé a mi madre con mucha fuerza, tanto que parecía que me quisiera fusionar con ella.
-Mamá te prometo que a mi nunca me pasará, yo os defenderé.- dije entre lágrimas.
Mi madre me miró con ojos tiernos y me acarició el pelo para calmarme.
-Claro que no te sucederá, eres una niña muy fuerte, el simplemente no estaba preparado para lo que vino anoche.- suspiró.- realmente nadie lo estaba.
Sus palabras no me tranquilizaron lo suficiente, pero consiguieron que quisiera aumentar mas mis ganas de aprender y poder defender a mi familia. Es difícil pensar que una niña de 10-11 años no piense en otra cosa que no sea jugar divertirse, estudiar, comer y dormir. Pero hay cosas que te hacen cambiar.
Estudie todo lo que pude pero no era lo suficiente para enfrentarme a todos los peligros de ahí fuera, pero como niña ingenua pensé que si. Aumente con gran velocidad mis habilidades. Quizás quien sabe una noche cercana me dejarían salir con ellos.
3 de mayo de 2012
Capítulo 1
La humanidad es ingenua. Todo el mundo ve la vida de un solo color, rosa, verde, rojo, negro, amarillo... Según como se sienten, ven uno u otro, pero no se molestan en ver los demás. El mundo esta lleno de colores y matices distintos, y en los más oscuros se esconden ellos, seres que pueden ser de aspecto de lo más humano, hasta los que pueden ser de un aspecto aterrador.
Mi nombre es Ivet. Llevo más años de los que podrías imaginar luchando contra ellos. He tenido distintos seres luchando a mi lado,pero ahora estoy sola. Todos ellos han ido cayendo sin que yo pudiera hacer mucho. He crecido rodeada de muerte, sangre, magia y espada. Tengo los conocimientos mas antiguos para mantener un orden en este mundo de oscuridad e ignorancia.
No se por donde empezar, la verdad que contar una historia es demasiado difícil. Si empezamos desde el principio seria remontarse a muchos años atrás y empezar desde ahora seria perder muchos capítulos de mi vida para que me podáis conocer. Quizás haciendo un pequeño resumen de mis pequeños logros, perdidas y como llegue a esta lucha sola os pueda dar una idea. No soy un superheroe que ha venido del espacio o que le ha mordido un insecto, ni se ha enfrentado a la radiación que le ha convertido en un tío invencible. No llevo uniformes de licra ajustados, ni mascaras, simplemente soy yo.
Nací rodeada de mi familia como todo el mundo, pero mi familia era especial. Tenían una fe ciega en un dios perdido, luchaban durante generaciones contra los seres, contra los que lucho yo ahora, iban siempre unidos y erradicaban todo lo que se saliera de un equilibro.
Mi madre era como yo, de cabellos rojos y ojos de color marrón verdoso. Mi padre era alto y con un gran mostacho negro que ocultaba su gran sonrisa. Con nosotros vivían tres familias mas de las cuales poco recuerdo. Desde que tengo uso de razón me hicieron pasar por rituales de iniciación, me tatuaron sellos de sangre en muñecas y cuello. Me enseñaron a usar las artes más oscuras,a defenderme con cualquier tipo de arma y rastrear al enemigo, vamos que a la edad de diez años era una pequeña pelirroja entrenada para matar.
Para mi todo era un juego, una forma de divertirme y poder terminar, de una forma espectacular, con el hombre del saco, el monstruo de debajo de la cama o cualquier ser que pudiera salir del armario.
Mi nombre es Ivet. Llevo más años de los que podrías imaginar luchando contra ellos. He tenido distintos seres luchando a mi lado,pero ahora estoy sola. Todos ellos han ido cayendo sin que yo pudiera hacer mucho. He crecido rodeada de muerte, sangre, magia y espada. Tengo los conocimientos mas antiguos para mantener un orden en este mundo de oscuridad e ignorancia.
No se por donde empezar, la verdad que contar una historia es demasiado difícil. Si empezamos desde el principio seria remontarse a muchos años atrás y empezar desde ahora seria perder muchos capítulos de mi vida para que me podáis conocer. Quizás haciendo un pequeño resumen de mis pequeños logros, perdidas y como llegue a esta lucha sola os pueda dar una idea. No soy un superheroe que ha venido del espacio o que le ha mordido un insecto, ni se ha enfrentado a la radiación que le ha convertido en un tío invencible. No llevo uniformes de licra ajustados, ni mascaras, simplemente soy yo.
Nací rodeada de mi familia como todo el mundo, pero mi familia era especial. Tenían una fe ciega en un dios perdido, luchaban durante generaciones contra los seres, contra los que lucho yo ahora, iban siempre unidos y erradicaban todo lo que se saliera de un equilibro.
Mi madre era como yo, de cabellos rojos y ojos de color marrón verdoso. Mi padre era alto y con un gran mostacho negro que ocultaba su gran sonrisa. Con nosotros vivían tres familias mas de las cuales poco recuerdo. Desde que tengo uso de razón me hicieron pasar por rituales de iniciación, me tatuaron sellos de sangre en muñecas y cuello. Me enseñaron a usar las artes más oscuras,a defenderme con cualquier tipo de arma y rastrear al enemigo, vamos que a la edad de diez años era una pequeña pelirroja entrenada para matar.
Para mi todo era un juego, una forma de divertirme y poder terminar, de una forma espectacular, con el hombre del saco, el monstruo de debajo de la cama o cualquier ser que pudiera salir del armario.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)